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Enfermedades mentales, un estigma entre latinos

Al principio, le dio miedo, confiesa Joe Muñoz, de 19 años, al hablar de su experiencia al ser ingresado en un hospital psiquiátrico. “Te sientes que no perteneces allí. Ves a otras personas que están peores que tú, como drogadictos y locos”.

Habiendo nacido con una parálisis facial parcial y una deformidad del oído externo, Muñoz llegó a ser acosado por sus compañeros de la preparatoria por ser ‘diferente’. Le robaban sus audífonos y se burlaban de él. También le atacaban por las redes sociales. Los efectos sicológicos llegaron hasta tal punto, que un día se puso un cuchillo al cuello delante de su madre y amenazó con quitarse la vida.

Esa decisión resultó en una llamado de emergencia a la policía. Llegó un agente y lo llevó al hospital psiquiátrico del Condado de Riverside, conocido por sus iniciales ETS.

Los expertos indican que muchos jóvenes latinos, como Muñoz, se enfrentan a diversos factores de estrés que pueden aumentar el riesgo de enfermedades mentales. El estrés entre la juventud se manifestaba a través de problemas como la depresión y la ansiedad que eventualmente los encaminaba al abuso de sustancias o incluso al suicidio.

Lo peor de todo, es que muchos no buscan tratamiento por el estigma de que los tilden como ´locos´ o por la falta de información sobre la importancia del cuidado de la salud mental. Otros no tienen acceso a los servicios necesarios para poder tratar adecuadamente sus necesidades de salud mental.

“Entre los muchos obstáculos a que se enfrentan la comunidad latina, el estigma es el primero, seguido por la desconfianza en el gobierno y, tercero, es la religión”, comenta Alfredo Huerta, un inmigrante mexicano con 18 años de experiencia ejerciendo como terapeuta clínico del Departamento de Salud Mental del Condado de Riverside.

Aunque Huerta cree que hay resistencia para ir por ayuda, piensa que cuando la familia latina empieza el tratamiento, el estigma se reduce.

El terapeuta mexicano no es el único que piensa así. También está de acuerdo la madre del Joe, Sara Muñoz, quien opina que entre la cultura latina, la tendencia es el guardarse todo para dentro.

“En nuestra cultura, la aceptación es lo más difícil. Yo lo experimentaba cuando iba con mi hijo a la clinica y hablaba con otros padres que todavía no aceptaban que su hijo o hija tenía un problema de salud mental, aunque digamos, por ejemplo, que se estaba cortando. Sabíamos que todos estábamos allí por la misma razón. Por eso me pregunto: ¿que nos ganamos al quedarnos callados?”

El problema es grande

Las cifras hablan por sí mismas: Aproximadamente tres de cada cuatro latinos de origen mexicano (73%) que padece algún trastorno mental y que necesitan servicios, no reciben tratamiento. El problema es aún mayor en los inmigrantes mexicanos, con un 85%, revela un estudio reciente sobre las disparidades en salud mental de la población latina de la Universidad de California, Davis.

A juicio de Verónica Kelley, terapeuta y subdirectora del Departamento de Salud Mental del Condado de San Bernardino, son pocos los que piden ayuda debido al estigma y al miedo.

“Los adolescentes, en particular, son muy vulnerables a las enfermedades mentales, ya que están viendo otras maneras de comportamiento fuera de la familia que no son iguales a las que les han enseñado en casa, como el respeto a la autoridad. Esto les puede causar mucho estrés y tensión”, señaló.

Otro punto que agranda el problema es que hay una escasez de profesionales capacitados.

Kelley añade que se están haciendo esfuerzos para ofrecer mejores servicios a la comunidad hispanohablante, no obstante, todavía no logran tener suficientes terapeutas que sean bilingües y biculturales.

La paradoja del inmigrante

En el caso de los inmigrantes, Huerta no se extraña que éstos se sientan afligidos por conflictos psicológicos por el hecho de dejar su país y porque las experiencias vividas al venir aquí pueden ser traumáticas.

Según el estudio de la UC Davis, los inmigrantes mexicanos recién llegados tienen mejor salud mental que las personas de la misma edad nacidas en los Estados Unidos, lo que llama “la paradoja del inmigrante”.

Sin embargo, a medida que se llegan a quedar en este país, suelen aumentar las posibilidades de desarrollar trastornos mentales.

Este deterioro se debe a los cambios de estilo de vida, mayor estrés y la adaptación a las normas sociales. Cuando deciden buscar ayuda, casi siempre se enfrentan a tratamientos generales que no toman en cuenta necesidades relacionadas con su idioma o su cultura. Además, los síntomas de trastornos mentales que no se tratan empeoran con el tiempo, deteriorando eventualmente las relaciones, el trabajo y la vida cotidiana.

Aunque se dice que no haya cura para estas enfermedades, sí hay tratamientos efectivos. Huerta recomienda la psicoterapia—enseñanza e intervenciones psicosociales—, los fármacos y los grupos de apoyo.

Cuándo acudir a un profesional

El terapeuta mexicano aconseja que si la persona tiene un conflicto que no se resuelva fácilmente o un problema que no parezca tener solución, podría ser hora de hacer una cita con algún profesional de salud mental. Otros síntomas indicativos incluyen el tener dificultad en conciliar el sueño, la falta o el exceso de apetito, los cambios de ánimo, los pensamientos negativos, e incluso, la dejadez en el aspecto personal.

Huerta sugiere que primero que se consulte con alguien con quien se tiene confianza.

“El hablar con otra persona es un primer paso importante. Si es una persona creyente y asiste a una iglesia podría hablar con su pastor o sacerdote. También cualquier persona puede ir con su médico de atención primaria para averiguar si el problema es físico o no”.

Si el médico no encuentra nada, puede que se le recomiende ir a un profesional de salud mental, agrega.

En el caso de Joe, un terapeuta latino de un programa de la organización no lucrativa, llamada Víctor, que vino a verle a la casa y a la escuela, fue una de las claves que le ayudó a reponerse.

“El consejero me conectó con los recursos que necesitaba, hablaba conmigo y con mi familia y eso nos ayudó a comunicarnos mejor”, esboza Joe.

Ahora Muñoz se queda admirado de que pudo terminar la preparatoria el junio pasado. Tuvo la fortuna de poder contar con el apoyo del terapeuta, condado, distrito escolar, escuela y su familia. Recientemente ha sido uno de los fundadores de la organización Y.A.U.T.S., que aboga por los jóvenes, como él, que están batallando con diferentes desafíos en sus vidas que les están perjudicando su salud mental.

“A veces la vida nos arroja al mar y nos sentimos que las olas nos están empujando más y más lejos de la tierra. Nuestro propósito es de ser como un salvavidas para rescatar a esas personas que se sienten solas y abandonadas”, apunta.

Muñoz ya ha empezado sus clases en el Colegio Comunitario de Riverside (RCC) donde quiere estudiar la psicología y mejorar su español, el idioma natal de sus padres inmigrantes. Le encanta hablar en público y, un dia, quisiera conocer al presidente del país para poder contarle su historia.

“Yo mismo me di otra oportunidad”, dijo. “He convertido lo negativo en algo positivo”.

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Este es el primer artículo de una serie especial titulada el “Estigma y la Enfermedad Mental en la Comunidad Latina” que forma parte del California Health Journalism Fellowship, del Centro Periodístico de Salud de la Escuela de Comunicación y Periodismo Annenberg, Universidad del Sur de California, Los Ángeles.

En el segundo, se darán opiniones acerca de los servicios que se ofrecen a los latinos de la comunidad LGBTQ para tratar a las enfermedades mentales.

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