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Los niños que son testigos del arresto de sus padres por temas inmigratorios pueden sufrir problemas de salud de por vida

La Separación Familiar
Fanta Fofana reads a book in the library.
Cuando tenía 11 años de edad, Fanta Fofana fue testigo de cuando la migra arresto a su padre, un inmigrante de Senegal. Después que fue deportado, Fofana, ahora de 17 años, dijo que a menudo se siente estresado y excluida.

Tan sólo toman pocos minutos para que un agente de migración arreste a padres indocumentados en sus casas mientras que sus hijos lo observan. Pero este incidente puede tener consecuencias físicas y psicológicas de por vida para esos niños que ven, estupefactos, cómo se llevan a sus padres.

"No se trata solamente de un incidente traumático, pero es más bien el comienzo de una serie de incidentes traumáticos en las vidas de estos niños", afirma el Dr. Adam Brown, profesor clínico adjunto del Departamento de Psiquiatría Infantil y Adolescente de NYU Langone Medical Center. "Esa es la verdadera dimensión de este problema".

Todos los días, un promedio de más de mil inmigrantes son deportados de Estados Unidos. Muchos de ellos son padres que fueron arrestados y esposados frente a sus hijos, antes de ser trasladados al centro de detención donde esperarán a ser deportados. Al pasar del tiempo, esto significa que cientos de miles de niños están a riesgo de ser expuestos a altos niveles de trauma.

Si bien los niños reaccionan de manera diferente al trauma temprano, dependiendo de factores tan diversos como su edad, sus mecanismos para lidiar con dificultades, y el apoyo familiar, según Brown los estudios indican que ser testigo del arresto o deportación de uno de los padres conlleva a una compleja serie de problemas.

"Estos niños son mucho más susceptibles a sufrir trastornos psicológicos como la ansiedad, el trastorno causado por el estrés postraumático (TEPT), el trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la depresión", agregó. "Con el tiempo también tienen más tendencia a sufrir problemas relacionados con su educación, tienen un coeficiente intelectual más bajo, y terminan desempleados.”

Un informe reciente llevado a cabo por el Proyecto sobre Derechos Humanos Post-Deportación del Centro de Derechos Humanos y Justicia Internacional de Boston College, indicó que las reacciones más frecuentes en niños que fueron testigos al arresto de sus padres incluyen la pérdida de apetito, dificultades al dormir, llanto, y temor. Si bien estos cambios emocionales pueden disminuir con el transcurso del tiempo, los síntomas que afectan al comportamiento, tales como el aislamiento, la rabia, y la agresión persisten al mismo nivel o aumentan a un nivel más alto al largo plazo 

El día en que cambió todo

Llamaron con fuerza a la puerta.

Temprano en una mañana del 2007, agentes de migración irrumpieron en un apartamento del Bronx y despertaron a Fanta Fofana con gran conmoción.

Mientras su madre le rogaba a los agentes, Fofana recuerda que su padre, Sory, quien es proveniente de Senegal, fue arrestado.  Ella y sus cinco hermanos menores corrían por toda la sala, llorando.

A pesar del caos y la confusión, Fofana dice que los agentes “no mostraron ninguna raección" cuando se lo llevaron a Sory.

Fofana tenía 11 años y sus hermanos tenían 10, 8, 5, 4 y 2 años. Los seis son ciudadanos estadounidenses por nacimiento.

Todo sucedió muy rápido, dice Fofana. A los pocos minutos, ella, sus hermanos y su madre se quedaron sin su padre, lo que transformó sus vidas.

"Todavía me hace sentir mal", dice Fofana, de 17 años, en voz baja y con las manos entrelazadas sobre su regazo. Sin pensarlo, toca el borde del turbante azul con estampado africano que lleva sobre sus hombros. "Todavía estoy triste".

A pesar de sus esfuerzos para no seguir pensando en la separación a su padre, Fofana reconoce que siente enojo y estrés. Cuando está con sus amigos en la escuela, a menudo se siente diferente a ellos.

"Me siento excluída", dice Fofana. "Cuando mis amigos hablan de sus padres, termino llorando sola.”

Con temor de lo que podría ocurrirle a su familia, Fofana dice que tiene dificultades para mantener su concentración y sufre de dolores de cabeza.

"Tengo tantas cosas en la mente. Hay veces que no sé a quién recurrir", dice. "Mis hermanos, mis hermanas y yo todos nacimos aquí. ¿Cómo puede nuestro propio país hacernos esto?" 

No hay una política clara

Cuando los agentes de migración allanan a un hogar, grupos independientes de políticas públicas señalan que no existen protocolos sobre cómo llevar a cabo el arresto de un padre cuando sus hijos están presentes. 

Los allanamientos generalmente se realizan temprano por la mañana cuando los miembros de una familia se encuentran en el hogar. Con frecuencia los agentes arrestan a uno de los padres sin tomar en cuenta que los hijos son testigos del incidente.

El informe de Women's Rights Refugee Commission muestra que este tipo de operaciones, sin políticas federales ni procedimientos claros, resultan en prácticas poco consistentes que no protegen a los niños ni a su bienestar psicológico.

En cambio, el informe indica que aquellas decisiones que pueden tener un gran impacto en el bienestar de los niños quedan al criterio personal del agente de migración.

Despues de un tiempo, la madre de Fofana, Fatoumata, le dijo a su hija que los agentes de migración que allanaron el apartamento en realidad estaban buscando a otra persona de origen africano.

“Puede que los agentes le preguntaron a alguien en el edificio y esa persona los dirigió hacia nosotros", dice Fofana.

Durante las operaciones en residencias, los agentes llevan una orden de arresto que indica los nombres de las personas implicadas, pero eso no significa que no puedan detener y en última instancia deportar a una persona que no figure en la orden de arresto.  Si llaman a la puerta y la persona en la vivienda les permite el ingreso, pueden interrogar a cualquier persona presente.

Y, si se considera que alguno de los presentes violó las leyes de migración, pueden detenerlo sin una orden de arresto.

Por lo tanto, cuando Sory no pudo presentar pruebas sobre su situación migratoria, dice Fofana, los agentes se lo llevaron.

Su madre, quien también está indocumentada, no fue arrestada, lo que le permitió continuar cuidando de sus hijos menores. La decisión quedó totalmente en manos de los agentes.

"Pensamos que nuestro padre volvería pronto", dice Fofana.

Pasó más de una semana hasta que se enteraron de que su padre había sido trasladado a un centro de detención en Nueva Jersey.

“[El arresto] fue al día siguiente de que mi padre cumpliera 47 años”, dice Fofana. "Fue la última vez que lo vimos".

Se niegan a pedir ayuda

En general, muchos jóvenes cuyos padres se encuentran detenidos o fueron deportados no piden ayuda cuando comienzan a padecer dificultades relacionadas con la salud mental — y esto puede conllevar al sufrimiento de problemas crónicos, según estudios sobre experiencias adversas durante la niñez del Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

El estudio del CDC indica que los factores que pueden llevar a la depresión, la ansiedad, conductas riesgosas y enfermedades físicas mas tarde en la vida tienen a menudo sus raices en los primeros años de desarrollo.  De hecho, agrega el CDC, las adversidades padecidas en la infancia "no se pierden, sino que al igual que las huellas de un niño en el cemento fresco, a menudo permanecen de por vida".

Con aproximadamente 400.000 personas deportadas al año de los Estados Unidos, esto significa que no se está resolviendo el verdadero impacto a la salud mental de las familias que se quedan atras.

El Dr. Sergio Aguilar-Gaxiola, director fundador del Centro para Reducir las Disparidades de Salud de la Universidad de California-Davis, afirma que la vulnerabilidad de las familias de jóvenes que han perdido a uno de sus padres por deportación hace que sean reacios a compartir sus experiencias y expresar sus sentimientos.

Muchos de estos niños conocen muy poco sobre los problemas de salud mental y no cuentan con un sistema de apoyo en el que confiar, agregó. Por lo tanto, intentan lidiar con sus problemas de salud mental por sí mismos o los ignoran creyendo que desaparecerán.

"Tienden a esperar y esperar hasta que ya no pueden seguir aguantando más y se quiebran", agrega. "Y con el tiempo, duplican o triplican su vulnerabilidad en términos del impacto a su salud mental".

Aguilar-Gaxiola está liderizando en un estudio con fondos federales sobre el impacto de la deportación en la salud mental de niños en situación de migración mixta de origen mexicano entre 10 y 12 años de edad. Aguilar-Gaxiola determinó al principio de la investigación que aquellos expuestos a adversidades a una edad temprana, incluyendo la deportación de uno de sus padres, son más susceptibles a problemas de salud mental.

"Este tipo de separación puede ser catastrófica para niños en etapas críticas de su desarrollo", afirma, refiriendose a las investigaciones realizadas en experiencias adversas durante la niñez.  "Las adversidades durante la niñez son los indicadores más fuertes del inicio de enfermedades mentales y pueden aumentar los riesgos de padecer más adelante varios problemas de salud física, como la diabetes, el asma, dolores de espalda, los dolores de cabeza frecuentes, problemas renales e incluso el cáncer".

Un estudio sobre las experiencias adversas durante la niñez también indica que hay una fuerte relación entre las adversidades de la niñez y la muerte prematura entre adultos.  De acuerdo a los resultados, las personas quienes han sido expuestas a adversidades a niveles dos o tres veces más altos durante la niñez, murieron en promedio casi 20 años antes que aquellos quienes no sufrieron adversidades. 

Nunca es demasiado tarde

Si estos niños hubieran tenido acceso a una atención de salud adecuada, señala Aguilar-Gaxiola, hubieran buscado ayuda médica. El argumenta que una gran cantidad de estos niños no saben a dónde dirigirse para recibir servicios de salud mental. Y si son indocumentados, sus opciones son aún más limitadas.

"Es muy importante tener un adulto en quien confiar, que cuide de su bienestar, y les haga ver la importancia de buscar ayuda cuando la necesitan", afirma. "Los datos también indican que si hacemos algo para contrarrestar el impacto negativo de estas adversidades, las personas que sufrieron traumas graves pueden ser más resilientes y balanceados.”

Para Brown la clave es el poder contar con una persona a cargo que esté informada y pueda guiar a niños que se enfrentan a dificultades psicológicas y emocionales.

“A menudo, estos niños son mal diagnosticados porque los psiquiatras son reacios a hacer preguntas sobre el trauma ya que tienen miedo a volver a traumatizarlos", dice Brown. "Pero si hay una persona a cargo que sabe sobre el trauma que el niño experimentó, se puede ser más sensible y encontrar la manera adecuada para atender la conducta del niño".

En San Francisco, la Escuela Primaria El Dorado ha implementado prácticas restaurativas basadas en información sobre el trauma. Aquellos estudiantes con problemas de conducta, o quienes hayan sido expuestos a actos violentos en el hogar trabajan con un terapeuta, junto a los maestros y administradores escolares, con el objetivo de crear un entorno de aprendizaje más seguro y de mayor apoyo.

En el año 2009, antes de que se implementara el programa, se remitían 674 estudiantes a la dirección por peleas, gritos o conducta inadecuada, y 80 de ellos fueron suspendidos o expulsados de la escuela. Pero el año pasado, con la ayuda de los terapeutas, la tasa de suspensiones de la escuela El Dorado bajó por un 89 por ciento, a tan sólo 17 estudiantes.

Aguilar-Gaxiola observó que el período óptimo de prevención es entre dos y tres años desde el momento en que la persona mostró algún síntoma de trastorno mental hasta que los impactos del trauma comienzan a causar daños a largo plazo.

"Si hay prevención desde temprano, se puede prevenir otro impacto,” afirma.

Ese impacto no es sólo a nivel personal, indica Aguilar-Gaxiola. También afecta a nivel social.

"Si una alta cantidad de estos niños termina sufriendo de depresión, trastornos de ansiedad y abuso de drogas, tendremos una población de tamaño considerable con tendencia a sufrir problemas maritales, bajo desempeño escolar y pobreza", señala.

Manteniendo el optimismo 

Según Fofana, Sory y Fatoumata son ambos del pueblo de Tambacounda en Senegal. Cruzaron la frontera hacia Estados Unidos desde Canadá.

Los registros de Sory indican que en el año 1998, el violó una orden previa en la que el debía irse de los Estados Unidos, según informa Fofana, y por lo tanto, fue deportado unos cuatro meses después de su arresto en el año 2007.

Poco después de la deportación, Fofana y su familia empezaron a enfrentarse a una larga y continua cadena de dificultades.

De repente, Fatoumata tuvo que buscar la manera de cuidar a toda su familia con un sólo ingreso. Pero no pudo encontrar un trabajo mejor sin los documentos necesarios para trabajar legalmente.

Fofana dice que no pudieron pagar el alquiler de su apartamento en el Bronx. Eventualmente fueron desalojados y se mudaron a un nuevo apartamento en Queens.

"Afectó mis estudios y mis cosas", agrega Fofana. "Siempre tuve que pedirle a mis maestros más tiempo para entregar mis tareas y proyectos".

Como lo indica el informe de 2013 realizado por Human Impact Partners (HIP, por sus siglas en inglés), la salud y los logros académicos de los niños dependen de la capacidad de sus padres de brindarles estabilidad económica.

"La detención, deportación y separación de las familias pone a los niños en una situación de desventaja académica", señala Lili Farhang, co-autora del informe de HIP. "Nuestros resultados confirman a estudios previos que sostienen que estos niños recibirán menos años de educación, tendrán más problemas para concentrarse en sus tareas escolares, lo que potencialmente puede traducirse en un ingreso más bajo cuando sean adultos.”

Además, según un estudio realizado por Urban Institute sobre allanamientos migratorios en seis ciudades Norteamericanas, aproximadamente 1 de cada 5 niños tuvo dificultad en mantener sus calificaciones después del allanamiento.

El informe también agregó que la deportación del padre de la familia conlleva a que muchos de esos padres deportados pierdan o con sus hijos.

Las madres que quedan solas, como fue el caso de Fatoumata, a menudo se encuentran en una situación legal muy delicada. A diferencia de madres cuyos esposos fueron despedidos de sus trabajo, o que resultaron lesionados, estas mujeres no cumplen con los requisitos para recibir indemnización laboral o beneficios por desempleo que les ayuden a pagar las cuentas.

Para el resto de los familiares que permanecen en EE. UU., agrega el informe, la pérdida del ingreso de la persona deportada puede llevar vulnerabilidades en la vivienda y la alimentación — de un ingreso bajo a la pobreza — y puede generar problemas psicológicos.

Por ahora, la mayor preocupación de Fofana es que se ha inciado el procedimiento de expulsión de su madre.  Con la ayuda de un grupo de defensa de migrantes, se ha presentado una solicitud de asilo en su nombre.

Fatoumata tiene una audiencia programada con un juez de inmigración a finales de este año.

"Mi madre nos dice que seamos optimistas", dice Fofana. "Pero todos los días temo que también se la llevarán y nos quedaremos sin padres.”

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